viernes, 7 de diciembre de 2007

Cómo esquivar la frase "ya te diremos algo"

En una reciente entrevista, cuando me dijeron la frase "ya te diremos algo", tuve el valor, cojonería o como quiera llamarse de añadir: "eso es mentira, pero bueno, estoy acostumbrado".

Al entrevistador le sorprendió mi actitud, con lo que intentó sonsacarme más información a mi inesperada respuesta. A lo que añadí, sinceramente de nuevo: "llevo seis meses realizando entrevistas, todos me dicen lo mismo y yo se que vosotros haréis lo mismo, para luego no decirme nada más". La cosa prácticamente terminó ahí, con la tarjeta de visita del entrevistador, por si acaso no me decían nada, yo podía preguntar a través del móvil o email, el motivo de excluirme del proceso de selección.

Como conclusión, debo decir que prácticamente es lo mismo añadir a la frase típica de víctima de entrevista lo que yo añadí, pero como diferencia, el cuerpo y la mente se te queda mucho mejor al añadir lo mencionado, almenos en mi caso. Probádlo, y si alguien tiene el valor, energía y paciencia suficiente de leer este post, ya que nadie lo lee, que me comente qué tal le ha ido. Seguramente el proceso de selección se le termine ahí, pero igualmente, seguramente no hubiera conseguido que continuara, ya que lo que es el tema de informática en Barcelona está más jodido que engañar a Hacienda.

Id pensando, ficticios lectores, y si queréis, me decís qué tal os ha ido con entrevistas para un puesto de ingeniero informático.

Desempeñando mi lado artístico

Una empresa en la que realicé una entrevista recientemente, ubicada en la ciudad de Manresa, me hico una prueba inicial de psicoleches o como pueda llamarse, que a parte de dejarme la mano dolida de utilizar durante más de dos horas un bolígrafo, poco tenía que ver con la oferta de programador .NET que anunciaban en el diario.

Dicha empresa me realizó una prueba inicial que consistía en una serie de preguntas del estilo "qué opinas de la jornada la laboral", "qué opinas de la sociedad", "qué haces para pasar el tiempo libre" y muchas más preguntas de índoles filosóficas. Para rematarlo, las pruebas concluían con realizar una redacción de tema libre, una de tema propuesto con ciertas pautas a seguir, y unos cuantos dibujos del estilo: dibujar un árbol, una casa, un paisaje, una figura humana y un tema libre.

Al finalizar, me dijeron lo de siempre: "ya te diremos algo". No tenía ni fuerzas ni ganas de añadir nada más a ese comentario, en parte porque tenía la mano dolida de tanto escribir, y por otro lado porque tenía otra entrevista en Sabadell unas horas después, y sólo quería irme de allí para ir a casa a ver la tele.

Un trabajo MUY temporal

Esta vez vuestro ignorado servidor ha conseguido trabajar como mencionaba anteriormente en una empresa. La cosa fue que sólo estuve 9 días (laborales), ya que el viernes pasado, a 10 minutos de plegar, el encargado me llamó para que firmara un papel, el que me indicaba que mi estancia finalizaba el día 30 de noviembre (así que eran mis últimos 10 minutos).

La empresa se llama Indepol, a continuación nuestro querido Google nos muestra su ubicación exacta, por si alguien quiere apuntarse, que sepa a lo que se expone:


Ver mapa más grande

Esta fábrica de forma irregular es la planta principal de Indepol. La foto fue tomada hace tiempo, pero actualmente, un puente de metal cruza la carretera de la parte sur del mapa, para unirse con un edificio muy grande que comenzaron a hacer no hace demasiado tiempo (unos 6 meses), que es el almacén. El puente sirve para que las piezas fabricadas vayan con unos carritos al almacén, todo ello de forma automática. Es una pena que no salga en el mapa, porque es donde estuve trabajando 8 de los 9 días que tardaron en despedirme.

Esta fábrica se ubica muy cerca de la población barcelonense de Santpedor, aunque el término municipal no se si es de Santpedor o Sant Fruitós de Bages. Estaba muy bien porque la tenía a escasos 15 minutos de casa. Es una multinacional que tiene otra planta en Portugal, y según me dijeron, necesitaban ampliar la producción, por lo que necesitaban contratar bastante gente (éramos unos 10 los que ibamos a empezar). La producción se basa en asientos de coche, cabeceras y reposabrazos. Se basa en utilizar un producto químico que se pone sobre unos moldes tipo sandwichera que al calentarse, forma la espuma con la estructura y forma del asiento. El trabajo es completamente en cadena, pues la máquina va rotando y los operarios lo que han de hacer es preparar los moldes vacíos para un nuevo ciclo. Básicamente esta preparación es retirar el producto finalizado, limpiar el molde, encerarlo para que no se pegue la espuma en el metal, colocar los insertos (trapos, alambres y tiras adhesivas) y por último secar la cera con una pistola de aire. Mi filosofía inicial respecto la empresa es que si tienes el valor de creer que puedes aguantar ciertas horas continuadas a una máquina que no se para nunca, eres capaz de finalizar la jornada. Es por ello que no superé el primer día de trabajo sin quejarme, porque no pude aguantar el ritmo.

Otro aspecto que quizá me influyó a tomar la decisión de quejarme fue que me sentía extranjero en la fábrica, pues exceptuando las mujeres, que la mayoría eran españolas, el resto de hombres eran extranjeros, lo que dificultaba las conversaciones, buen royo y demás. Sin embargo, al único español que despidieron finalmente fue a mí, no se si porque comprendía demasiado bien las broncas de los superiores, o porque aspiraba a ganar almenos 1000 euros mensuales. No lo se, el caso es que al único español que despidieron en dos semanas, fue a mí.

Mi historia comenzó un martes, el día 20 de noviembre y el turno, el de noche. Los turnos son fijos, y nos dejaron elegirlo a los pringados que ibamos a incorporarnos. Eso el día 19 de noviembre, el día anterior a empezar. Tuve que ir a Manresa a recoger el uniforme de la empresa y como dije, el día 20 a las 10 de la noche, empezaba mi primera jornada.

Dicha primera jornada fue en la máquina en cadena que he comentado anteriormente en que debía realizar en turnos de 2 horas las distintas tareas que se debían realizar. No es por machismo ni por desperdiciar a nadie ni nada, quizá sea por propia ignorancia, pero debo decir que el hecho de que sólo hubiera 2 hombres en la máquina y 6 mujeres, a parte de que en el resto de la empresa, el 90% eran mujeres, es porque la faena es realmente rutinaria, por lo cual sólo ellas están preparadas para afrontar la jornada. Lo bonito es que del 10% restante, un 99% son inmigrantes (no es por criticar), chinos, "marroquíes" y polacos. Así pues yo como español, de sexo masculino, era el único español que trabajaba en la máquina.

A medida que las horas pasaban, el estrés, nerviosismo o ansiedad (véase como uno quiera), iba haciendo mella en mi conciencia, hasta llegar a ciertos puntos en que deseaba sólo salir de allí e irme a mi casa a dormir. Puede que en parte fuera por llevar seis meses en el paro, realizando entrevistas acorde con mis estudios y terminara haciendo algo que 7 años de universidad me los hubiera ahorrado, o fuera simplemente por el hecho de trabajar ocho horas seguidas después de los seis meses mencionados, no pude aguantar el ritmo de trabajo y durante los 20 minutos de descanso tuve que ir a hablar con el encargado. Le comenté simplemente que yo no podía aguantar más aquel ritmo y él me contestó que al día siguiente intentaría cambiarme el puesto de trabajo, cambiándomelo por un chino que estaba en el almacén. Eso me agradó, pues el puesto de almacén lo consideraba un lugar más ameno para hacer la jornada.

Terminé la jornada como buenamente pude, y a la jornada siguiente, me asignaron un puesto en el almacén, básicamente recogiendo tipos de asiento asignados que iban pasando por unos carritos, colocándolos en unos contenedores de metal de forma ordenada, contados por su referencia, y cambiar de contenedor por uno vacío, una vez estaba completo. La faena era mucho más asequible a mis posibilidades mentales y físicas, aunque los carritos no cesaban su trascurso durante la jornada, era mucho más amena la faena que el día anterior. Así pues me fui acostumbrando a la faena, y aunque trabajara en una fábrica de asientos y no hubiera en todo el almacén ni una silla donde sentarse a descansar, lo pude ir soportando. Más que nada, la faena era mucho más descansada, pues lo único que había que hacer era observar lo que venía en los carritos, recoger las piezas apropiadas, ponerlas en el contenedor adecuado y cambiarlo una vez completado con el número apropiado de piezas que marcaba la referencia.

Tal y como comenté, el viernes día 30 de noviembre, recibí la carta de despido, lo cual me sorprendió tanto, que durante los diez últimos minutos de la jornada, no sabía lo que hacía. Es de agradecer el buen comportamiento de la empresa, que me anunciaran el despido diez minutos antes del día de despido, porque si lo hacen antes, mi rendimiento quizá se hubiera visto mermado.

Tal y como me dijo el encargado de hacerme firmar el despido, al lunes siguiente acudí a las oficinas a firmar el finiquito y presuntamente a enterarme del motivo de despido. Yo supuse que el motivo era el hecho de no haber podido aguantar el ritmo de producción el primer día, pero creo que el secreto quedará con ellos en la tumba, pues el único motivo que me dieron de despido, por más que insistí fue "no superaste la temporada de prueba". Acto seguido, intenté recuperar el paro, y lo conseguí, a pesar de aguantar largas colas de espera.

Actualmente sigo en el paro, con una oferta de una empresa de Barcelona (esta vez de informático), mal pagada, pero con perspectivas de futuro bastante prometedoras. Me gustaría hundir a Indepol, no por el trato recibido, sino simplemente por no indicarme el motivo del despido, después de sólo 9 días laborales. Pero no tengo ganas de hacerlo, a parte de que no puedo, porque no me gusta odiar tan fervientemente a nadie, más que nada porque no me deja descansar con tranquilidad un odio tan intenso. Sobretodo porque, al fin y al cabo, me hicieron un favor, y es que me enseñaron lo que es trabajar de verdad, con lo cual ahora puedo acogerme mejor a propuestas de faena de informático de carrera, aunque el sueldo sea una miseria.