Este es el título de este post, que resume básicamente la sensación más intensa que llevo viviendo y lleva manifestándose a lo largo del 2008.
Ayer durante mi última entrevista para una pequeña empresa de Barcelona, me fui dando cuenta de dicha sensación. Y es que ya ni tenía ganas de más entrevistas, sólo se que tenía ganas de llegar a mi casa (aún me quedaban 2 horas y media de viaje), cenar y ver un capítulo de Aquí no hay quien viva.
Es bastante jodida esta sensación, pues estar asqueado más de 14 horas al día de lunes a jueves hace que se te coma gran parte del tiempo de tu vida, de hecho, más de la mitad. Pero prefiero esa sensación antes que la ansiedad que tuve en los primeros momentos de empezar aquí a trabajar.
Es como si mi única vía de escape sea hacer entrevistas, creyéndome, ingenuo de mí, que alguna otra empresa me va a contratar y voy a cobrar más. Incluso esta noche he soñado que así era, y estaba a punto de firmar un contrato de 24000 euros anuales (estaba creyéndomelo y todo), cuando ha sonado el despertador a las 6:30. Entonces se me ha ocurrido escribir este post.
Creo que voy a dejar las entrevistas, me consumen el poco tiempo libre de vida que me queda a la semana. Lo único malo, es que no tendré nada que escribir y nadie a quien criticar, excepto a mí mismo, que toda mi vida se basa en entrevistas y aspirar a algo más. Como le dije a mi jefe de X en un mail cuando me dijeron de Summa en Manresa que no me iban a contratar: "creo que me quedaré por aquí, pasando de todo, haciendo lo que me pidan y ya está. Estoy cansado, cansado de todo".

Lo que siento respecto Summa
Espero que mis gestiones en la universidad para regresar prematuramente, a sólo un año de petición de la excedencia, tenga sus frutos y pronto pueda escribir desde allí cómo me siento en un plazo corto de tiempo.
El viernes tengo otra entrevista pendiente, que encima es cuando plegue a las 3 de la tarde, en otra empresa de Barcelona, lo que indica que llegaré más tarde a casa, y que quizá sea demasiado tarde para echarme la siesta, y luego poco aguante tendré para salir de marcha. Si no fuera porque cada día estoy más asqueado de la faena y de mi situación en general, diría que me siento como Bill Murray en atrapado en el tiempo.
Cada semana es exactamente igual, de lunes a viernes sólo trabajar, cada día con más sueño, el fin de semana, dormir y fiesta (dentro de lo que mis escasos ánimos me permiten disfrutarla). Últimamente me pregunto cómo pudo ser que antes fuera "feliz", porque hoy no hay un sólo día que me encuentro bien realmente. Es como si un día hubiese perdido algo, no se qué fue y no se cómo recuperarlo.
En fin, esto es todo, me servirá almenos para mí, para leerlo de vez en cuando y reflejarme en mí mismo.